
He leído un artículo de Luis de Santiago que me ha recordado a un ejercicio que a menudo propongo en las clases.
El ejercicio tiene una sola consigna: durante los próximos 30 minutos (o, si estás leyendo esto ahora, durante los próximos 5), no vamos a hacer “nada”.
Nada, aquí, no significa quedarte inmóvil como una estatua ni “hacerlo bien”. Significa algo más sencillo y más radical: dejar de intervenir por un momento. No empujar. No corregir. No buscar. No mejorar nada. Solo estar.
Y entonces pasa lo interesante: en cuanto intentas no hacer nada, la mente empieza a proponer.
Te ofrece tareas, opiniones, juicios, soluciones.
Te dice lo que deberías cambiar, lo que deberías entender, a quién deberías responder, qué te falta, qué te sobra.
Te empuja a moverte, a revisar, a planificar, a arreglar, a temer.
No lo hace porque sea “mala”. Lo hace por inercia: porque su función es mantenerte ocupadx. Porque, si te quedas en paz, si dejas de seguirla por un instante, aparece una evidencia incómoda para ella: que, en realidad, la mente no es imprescindible.
La mente quiere que creamos que hay que opinar, saber, entender, juzgar, anticipar, criticar, temer… como si eso sostuviera el mundo. Y sin embargo, cuando no le hacemos caso… no pasa nada.
Y ese “no pasa nada” es, precisamente, la paz que decimos que buscamos: que no pase nada.
(silencio largo)
Lo más hermoso es que, en ese “no pasar nada”, sigue pasando todo:
el viento sigue soplando, las manzanas siguen madurando, seguimos durmiendo y despertando, hacemos el desayuno, trabajamos, amamos a quienes amamos.
Solo que empezamos a notar algo: que eso que creíamos necesario para que la vida sucediera: ese empujar constante, ese comentar mental, ese juicio automático, esa urgencia por hacer: no hace falta.
La vida sigue.
Y la mente, cuando no la alimentamos con obediencia inmediata, descubre su lugar real: no dirige tanto como creíamos. No “pinta” nada esencial. Solo intenta convencernos de que sin ella no podríamos vivir.
Pero cuando no le hacemos caso… no pasa nada.
Y todo, aun así, sigue sucediendo.