Me despierto en diagonal: 6.13a.m.

Un segundo más tarde suena la alarma.

Leonard Cohen me susurra en el fondo de mi imaginario:

«Did I ever need you……?»

Abro los ojos, sigilosa, insomne aún.

Llena de cuentos.

Con ánimos de cielo. Muy Soñada.

La camisa a un lado.

Los anillos perdidos.

La almohada desquiciada de secretos.

Canto con Cohen. Me suspiro.

Pongo agua a hervir. Preparo café, y ya lo dejo mañana.

Las mentiras necesarias del día a día.

En el silencio del bostezo me visitan los hombres de mi vida:

mi hermano y mi padre.

Tan lejos. Tan cerca.

¿Y si ni ellos existiesen?

Hoy querría darles flores.

Me desnudo por la avenida.

Me recojo el sueño con horquillas.

Me ducho con los zapatos puestos.

El espejo me mira y le digo que quiero ser maga.

Y regalar margaritas cuando los demás duermen.

¿Dónde está la recepción?

Mis fantasías me piden audiencia. Mi vida creencia.

Qué escándalo. Solo a ratos siento que existo.

Soy tantas que me perdí la pista.

Se me junta el miedo con el orgasmo.

Y así, sin venir a cuento me enamoro, sin prudencia, tontamente, del escritor del extracto

del libro que me puso ayer a dormir… Le invito a jugar a los cromos.

Y me doy cuenta que puedo enamorarme hasta 17 veces al día, pero que

ni sostengo ni soporto ni aguanto que la vida sean vínculos desconectados de experiencias,

o encuentros.

Me empiezo a vestir.

El top. La camiseta. La pinza en el pelo. El kohl en los ojos. La vanidad.

Se derrama el café. Vaya desastre.

Enguajo la taza y el enamoramiento sin flores pero con cromos.

Cojo el mat para yoga,

me quito los zapatos,

abro la puerta,

doy un suave portazo,

y me voy.

Como si nada.

Fotografía: Neil Krug. Modelo: Nathalie Kelly. http://www.neilkrug.com/

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