Si se nos impidiera dormir y soñar nos volveríamos locos. Un mal sueño nos deja una impresión amarga, no dormir bien nos deja nerviosos, fatigados, “hechos polvo”, con fallos en la memoria y el cerebro y el cuerpo intoxicado como si las hormonas no hubiesen podido regular nuestro equilibrio.

¿El soñador genera los sueños o los capta? ¿Son emitidos por su cerebro o su inconsciente? ¿Capta símbolos hundidos en su memoria o venidos de alguna parte y que se revelan, según su propio nivel de consciencia, bajo tal o cual forma de sueño y de historia onírica?

Cuando una persona comienza a soñar, su “fuego de consciencia” interior se activa, sus globos oculares se ponen en movimiento. Éstos van a ayudarle a sintetizar todas las informaciones: las que le son propias y las que le llegan del exterior.

Existen toda clase de sueños: el sueño constructivo, el sueño compensatorio, el sueño “de desahogo”, el sueño recurrente, el sueño premonitorio, el sueño profético, y también el mensaje dado a través del sueño por una guía, un ángel, un protector o un santo. Este tipo de sueños no pertenecen al soñador, sino que se trata de los planos más sutiles que buscan expresarse a través de un ser espiritualmente evolucionado.

Un bebé sueña mucho y se encuentra en estado de felicidad. Sueña con el seno materno, con mamar, recordando el nido del que ha salido. Una persona de edad avanzada sueña cada vez menos, sus necesidades se restringen, pues se acerca a su “re-nacimiento” sobre otros planos….

Y tú, ¿con qué sueñas?

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Texto: Más allá de los sueños.

Fotografía Ibai Acevedo.

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